julio 4, 2022
La memoria y la Historia

La memoria y la Historia

La memoria y la Historia

El conocimiento integral de la Historia es un derecho de la Humanidad. Cuando se escoge qué enseñar y que olvidar, y todas las instituciones callan, se hacen realidad las palabras de Cicerón:

“ La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”,

Y la honestidad en su enseñanza obliga a distinguirla de la «memoria», en cuanto relato de un pasado vivido o imaginado, pues, como afirma Luisa Corradini, la Historia «es una operación puramente intelectual, laica, que exige un análisis y un discurso críticos»(La Nación, Argentina, 2006). Ello implica que sólo mediante la metodología científica se pueden determinar qué es cierto o falso, nunca por creencias, intereses o pulsiones sentimentales, sean del pueblo o de la oligarquía de turno.

Si falta el aprendizaje sobre la Historia en las aulas, se crearán generaciones infantilizadas, como asimismo avisa Cicerón: «No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños». Y si ese conocimiento se restringe a lo que al poder de turno le interesa, se trata de un adoctrinamiento que radicaliza las sociedades en vez de buscar la armonía y los puntos de encuentro, pues la ignorancia es osada.

La Historia, expuesta desapasionadamente, sin planteamiento previo (la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad), proporciona una serie de lecciones y advertencias imprescindibles para la supervivencia en libertad, y su reflexión abre la posibilidad de trazar un futuro mejor. Para Cervantes «La Historia es émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo del pasado, ejemplo y aviso del presente, advertencia de lo por venir »

Hegel afirma que «La Historia es el progreso de la conciencia de la libertad», lo que implica que es indispensable su conocimiento para ser libres. Si este conocimiento es manipulado, se manipula nuestra libertad.
Es cierto, no obstante, que la Historia tiene un punto de subjetivismo, como reconoce Carlos Marx: «Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado». Y, precisamente por ello, el historiador y el maestro han de ser honestos, atendiendo las necesidades de quien ansía conocer, mientras que el poder político ha de respetar ese conocimiento integral, siquiera breve y no influir en las aulas para adaptar la enseñanza a propuestas de modelos de estado y sociedad.

«A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad», declara Camús. Y por ello, nos encontramos con quienes practican la arquitectura social a gran escala, que, paradójicamente, fomentan la atomización y el tribalismo en la cultura occidental, pero intentan implantar el pensamiento único. Si olvidamos el pasado, estaremos en manos de los diseñadores de una realidad paralela, un Matrix cambiante a voluntad, un «Ministerio de la Verdad» Orwelliano donde la historia se reescribe cada noche en sus sótanos, y la verdad de ayer hoy está olvidada bajo pena de persecución para quien ose señalar su mera existencia.

Sacrificar la enseñanza de la Historia en aras de ciertas fabulaciones localistas, que niegan la mayor, es un peligro que no nos podemos permitir, pues en dos generaciones convenientemente lobotomizadas, nos abocamos a la ignorancia e incultura generales, al desprecio por el saber y a un recorrido fácil y automático por las aulas, que ha de separar al rebaño de sus pastores, cuyos vástagos seguirán teniendo una educación de calidad que les asegure su papel de líderes del mañana.

Ante nuestra pasividad, sólo quedaría la barbarie de los siglos oscuros, esta vez sin scriptoriums. Aldous Huxley lo vio claro: «Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la Historia.»

Defendamos nuestra memoria y la Historia.

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Benito Rodriguez Arbeteta

Doctor en Historia, Historia del Arte y Territorio; Máster en Métodos y Técnicas Avanzadas de Investigación Histórica, Artística y Geográfica, UNED; Licenciado en Historia del Arte y Estética por la UAM. Temas de investigación: Además de la expatriación de Arte, se centra en la imagen de la Monarquía Hispánica, en especial sus rituales, y sus monumentos fúnebres. La iconología y la emblemática, lo que implica establecer la relación existente entre la obra de arte y el espectador, a través del estudio de la visión.

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