De la Nación actual a Nación española del siglo XVII
Hablar de nación, patria y Estado implica recorrer un terreno conceptual en el que se entrecruzan la historia y la teoría política. Naciones Unidas y la UNESCO no ofrecen definiciones oficiales de estos términos; cada país interpreta su propia identidad. Sin embargo, las palabras que usamos marcan nuestra manera de entender la historia y de proyectarnos hacia el futuro. La confusión entre nación, Estado, patria, regionalismo o etnia sigue vigente en nuestros días, y no es un problema del pasado. En el siglo XVII, estas nociones ya estaban en disputa y fueron decisivas para articular la identidad de la Monarquía Hispánica.
La nación española en la Monarquía del siglo XVII
Durante la dinastía de los Austrias, la Monarquía de España era un «reino de reinos»: una estructura poli‑jurisdiccional que abarcaba las coronas de Castilla y Aragón, Portugal (hasta 1640), los reinos italianos y los virreinatos de América. En la práctica, cada territorio conservaba su propio derecho y su administración, pero en la escena internacional la monarquía actuaba como una unidad soberana. Los tratados de Westfalia (1648), los Pirineos (1659) o Utrecht (1713) se firmaban en nombre de la Corona de España; en ellos se omitían los nombres de los reinos particulares para proyectar una imagen de cohesión y fortaleza.
Los sermones fúnebres y los tratados políticos de la época también insistían en la unidad simbólica. Jacinto de Alcázar Arriaza, en Medios políticos para el remedio único y universal de España (1646), describió a España como un solo cuerpo político y moral. Para reforzar esa visión, algunos autores llegaron a cuantificar el reino: hablaban de 31 000 poblaciones y de nueve millones de vecinos (cabezas de familia), lo que implicaría una población real de unos 36 millones de habitantes, incluye todos lo territorios de la Monarquía.
Esta visión patriótica convivía con la realidad de una monarquía diversa y, a menudo, conflictiva. Los vasallos se identificaban con su territorio pero también con la figura del rey, que actuaba como principio integrador. Las ceremonias de proclamación, las entradas reales y las exequias fúnebres reforzaban ese sentimiento compartido: en ellas, los gritos de «¡Viva el Rey!» simbolizaban la unidad por encima de la diversidad jurídica. Al mismo tiempo, la literatura y la iconografía de las exequias hablaban de una nación que abarcaba todos los continentes, en la que la pertenencia no se definía por el lugar de origen sino por la participación en un proyecto común.
Arte y poder: un viaje a través de mi libro
En mi obra Arte y poder en la monarquía de España: Estado, Nación y Patria analizo cómo estas nociones se construyeron y representaron en el siglo XVII. A través de sermones, tratados y objetos artísticos—desde medallas de proclamación hasta decoraciones efímeras—explico cómo el arte sirvió para legitimar el poder y para difundir una imagen unitaria de la Monarquía Hispánica. El libro muestra:
Cómo los reyes emplearon ceremonias, medallas y arquitectura efímera para representar la unidad política de la Monarquía. Qué papel tuvieron los sermones fúnebres y las exequias en la construcción de una identidad compartida entre vasallos de distintos reinos.De qué manera los artistas y predicadores reinterpretaron la historia para reforzar la idea de una nación española capaz de integrar territorios diversos bajo un proyecto común. El análisis combina fuentes históricas con una visión interdisciplinar que abarca la historia del arte, la iconología y la teoría política. El resultado es un acercamiento riguroso que, al mismo tiempo, invita a reflexionar sobre los debates contemporáneos en torno a la nación y el Estado.
Conclusión
Si te interesa profundizar en estas cuestiones y descubrir cómo el arte y el poder se entrelazaron para dar forma a la identidad española, te invito a leer mi libro Arte y poder en la monarquía de España: Estado, Nación y Patria. Disponible en Dykinson , esta obra ofrece una mirada crítica y documentada sobre uno de los periodos más fascinantes de nuestra historia.


