octubre 3, 2022
La joyería mallorquina

La joyería mallorquina

La joyería mallorquina, una reminiscencia de la joyería barroca.

Aunque no es posible generalizar, podría decirse que lo que hoy entendemos como “joyería mallorquina” tiene como rasgo principal su carácter arcaizante, es decir, la predilección por modelos del ayer, lo que puede deberse, no a un gusto de tipo arqueológico por el pasado como el historicismo, sino por considerar ciertas formas antiguas como elementos de prestigio, de forma que se vienen utilizando sin interrupción  a través del tiempo.

Así, los modelos de la joyería barroca española permanecen hasta el siglo XIX, presentes en ciertas joyas macizas de oro y esmaltes como los medallones relicario, cruces o determinados colgantes, conviviendo con la denominada “joyería isabelina”, versión local de las modas peninsulares, que trabaja plata forrada en oro con abundante presencia de esmeraldas y diamantes, y joyería en oro de grandes dimensiones y poco peso, situación que se perpetúa hasta el siglo XX.La joyería mallorquina rosario

Ciertos modelos antiguos, como las cadenas de eslabones florales flor de granets (modelo de origen asiático, traído en el s. XVII) o las de tipo bejuquillo, a veces muy largas, llamadas genéricamente cordoncillo, al igual que las veneras (principalmente cruces de Malta y la llamada cruz de Calatrava, en realidad cruz de Santo Domingo) se incorporan al acervo inmóvil de la joyería popular. Éstos y otros modelos se reproducen con total fidelidad, en técnica y aspecto, a los originales.

Por supuesto, hay excepciones y existe también el diseño contemporáneo, pero convive asimismo con joyas de aspecto añejo que se continúan fabricando.

En cuanto a los materiales utilizados en la joyería tradicional de raíz renacentista y barroca, es posible detectar algunas preferencias, como la elección del oro, en mayor cantidad y peso a medida que la joya es más antigua, llegando a creaciones decimonónicas en las que diseños propios de la segunda mitad del siglo XVII, como las rosas de pecho o los medallones relicario de filigrana, se resuelven empleando finas láminas caladas o troqueladas y filigrana muy liviana.

El esmalte, que seguía las tonalidades y diseños decorativos propios del gusto francés de la segunda mitad del XVII, se halla presente, tanto en la joyería femenina como en la de uso general, especialmente en las veneras, los marcos de los relicarios y placas pintadas, la moda tardía de los brincos o pinjantes de cadenas, los engarces de chupadores, higas y otros dijes infantiles, cruces y demás menudencias, permaneciendo en las botonaduras usadas tanto por hombres como mujeres. Resulta curioso que se mantuviera este recurso decorativo en la isla cuando, a comienzos del siglo XVIII, estaba siendo paulatinamente abandonado en la joyería peninsular.

La joyería mallorquina Jusepe Bruno
Jusepe Bruno

Entre el siglo XVII y XVIII, abundan las escenas devocionales de esmalte pintado sobre cobre, que alternan con el papel y la vitela iluminados. En este aspecto, destacan las producciones italianas para el mercado peninsular, como la obra de Jusepe Bruno, de Mesina, del que publicamos una pequeña medalla. Su taller proveyó de numerosas plaquitas de esmalte para colocar en los marcos de los medallones relicario. Tienen colores vivos, trazo suelto y una desigual calidad artística, a veces alejada del virtuosismo del maestro, quien gusta de añadir orlas florales de hermosas tonalidades, encuadradas en estructuras de oro.

También se particulariza la joyería mallorquina por la presencia de elementos específicos, que, importados de Italia, Francia y Europa central en su mayor parte, dotan de un carácter peculiar  a las producciones de finales del siglo XVII y la centuria siguiente. Así, son frecuentes los cabujones de cristal de roca a modo de vidrieras abombadas, en cuyo reverso se han pintado delicadas minaturas con un virtuosismo sorprendente, de posible procedencia sur italiana. Se engastan en los medallones llamados almendrones, utilizados como “bajos de rosario” (baix de rosari), acompañados de borla de pasamanería.

Se encuentran frecuentemente otroscomponentes, como las plaquitas rectangulares o cuadradas de vidrio pintado, ya en tono popular, iluminaciones sobre vitela y grabados coloreados, pequeñas figuras de bulto redondo en oro, que se colocan con doble ventana en los medallones denominados sagraments o altarets, etc., a lo que se unen materiales de uso preferente como el nácar, el vidrio de venturina, las piedras de imitación blancas y coloreadas, piedras finas, especialmente amatistas, diamantes de talla antigua y, en el siglo XIX, topacios naturales o imitados…

El predominio de la temática religiosa es también una característica, que se comparte con el Barroco peninsular. Por ejemplo, han sobrevivido muchos ejemplares antiguos de joyas devocionales por haberse empleado como ornamento de los rosarios o formar un conjunto votivo en oratorios y capillas, sean particulares o eclesiásticas.

La joyería mallorquina cruz de Malta
Cruz de Malta

Por otra parte, los botones, leontinas, cadenas, cruces de Malta, cruces latinas, relicarios y veneras se incorporan – posiblemente a finales del siglo XVIII -a la indumentaria tradicional, pero siguen realizándose los mismos modelos siguiendo técnicas antiguas prácticamente hasta hoy, pues se han convertido en señas de identidad.

La abundancia en Mallorca de ejemplares de ciertos tipos de joyas, apenas existentes fuera, permite pensar que son modelos propios mallorquines, como es el caso de los sagraments o altarets, relacionados con otras joyas barrocas, pero no semejantes.

Resumiendo, en la joyería mallorquina, a tenor de lo que hoy conocemos, podrían establecerse tres fases, como periodos, que nos han servido de hipótesis de trabajo en las sucesivas investigaciones:

1ª – Hasta finales del siglo XVII: influencia común peninsular, si bien se detectan algunas particularidades y preferencias. Contactos con Italia.

2ª – Siglo XVIII: evolución hacia modelos propios, con fijación de ciertos tipos, ya desaparecidos en otras zonas, especialmente la joya esmaltada. A finales del siglo se detecta una estética rococó que pudiera ser extranjera (Saboya, Provenza, puntos del norte de Italia, Baviera, Austria) y una peculiar interpretación del neoclasicismo (estilo Carlos IV).

oia o baix de rosari. Mallorca s. XVIII
Joia o baix de rosari. Mallorca s. XVIII

3ª – Adaptación de la joyería decimonónica, especialmente la del tercer cuarto del siglo, denominada “isabelina”, variante de una corriente internacional, que coexiste con los modelos barrocos, ya fosilizados.

Para más información, consultar mi bibliografía específica, en esta página, además de los trabajos de Elvira González en Dialnet, entre otros:

ARBETETA MIRA, Letizia, “Joyas mallorquinas y obras de Giuseppe Bruno en la colección Lázaro”, Goya, revista de arte,  nº 287 (2002), pp. 74-75.

ARBETETA MIRA, Letizia. El arte de la joyería en la colección Lázaro Galdiano. Segovia, Caja Segovia/ Fundación Lázaro Galdiano, 2003

ARBETETA MIRA, Letizia y GONZÁLEZ GOZALO, Elvira, “La plata colpejada” – Una muestra de la platería chueta en Mallorca , Palma de Mallorca, Edición Instituto de Innovación Empresarial de las Islas Baleares – Palma, 2009

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